Artículo Las bibliotecas escolares y el currículum de la ESO
RESUMEN ARTíCULO

Desde hace algún tiempo se está produciendo en nuestro país un interesante debate sobre la naturaleza de las bibliotecas escolares y la oportunidad de introducirlas en nuestros centros docentes al amparo de la reforma educativa en curso y con los ojos puestos en los CDI (Centros de Documentación e Información) franceses y en los análogos del mundo anglosajón. No faltan razones para esta reivindicación; del mismo modo que en los países de nuestro entorno cultural la presencia de verdaderos centros de documentación en las escuelas ha sido el producto de largos años de debates, presiones profesionales y ciudadanas y enfrentamientos con unas administraciones educativas siempre faltas de recursos económicos y escasamente dotadas de imaginación, en nuestro país debemos prepararnos para una larga y accidentada marcha si queremos hacerlos realidad. Y si es cierto que contamos con la experiencia de estos países, lo que nos puede ahorrar errores y permitir aprender más rápidamente, también es verdad que debemos enfrentarnos con una realidad política y social muy refractaria, caracterizada, entre otras cosas, por la escasez y debilidad histórica de infraestructuras culturales -en especial las bibliotecas públicas, que están llamadas a jugar un papel impulsor decisivo de las bibliotecas escolares, como ocurrió en Francia-, por unos hábitos de ocio y consumo cultural más alienantes que otra cosa, y por la evidencia de que la educación no es, en absoluto, pese a las proclamas solemnes en sentido contrario, una prioridad política. Todo ello se plasma, en lo que ahora nos interesa, en un concepto simplista y totalmente desfasado, pero socialmente muy arraigado, de la biblioteca.

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